Este texto es una adaptación de la charla ofrecida por el sindicato el viernes 14 de julio de 2024 en La casa de las palabras de Valladolid. Esta charla se produjo en el contexto de una campaña conjunta del sindicato y la Asamblea de inquilinas de Salamanca bajo el lema Contra las migajas de la junta, lucha por la vivienda.
Aunque todas sabemos que el acceso a la vivienda está muy mal, que los alquileres están carísimos, que los pisos están en malas condiciones, se habla muy poco, o directamente nada, de la lucha por cambiar esa situación. Y si no hablamos de la necesidad de luchar contra un problema que nos afecta a toda la clase trabajadora, porque lógicamente todas necesitamos una casa para vivir, o para formar una familia, o para emanciparnos de ella, no solo va a ser imposible acabar con el problema sino que se va a agravar.
Pero además de hablar de la lucha, también queremos hablar de la organización. Porque podemos estar de acuerdo, aunque no lo mencionemos mucho, en que “algo habrá que hacer” contra todo esto. Pero si no sabemos qué se puede hacer, si no proponemos nada, si no nos reunimos, discutimos propuestas, acciones; si no nos organizamos, obviamente no se va a hacer nada nunca. Por eso lo que proponemos nosotras es una lucha organizada, y por eso estamos organizadas en el sindicato.
Pero además de esta lucha organizada, también queremos hablar de contra quién va dirigida esta lucha. Porque no basta con explicar que hay un problema de vivienda, ni con juntarse a hablar de ello, sino que hay que dirigir la lucha contra los responsables de ese problema. Por eso tenemos que decir alto y claro que consideramos que toda esta situación está provocada por el sistema capitalista, por considerar las viviendas como bienes de mercado con los que especular y ganar dinero. Tenemos que señalar a los propietarios. A los caseros que vulneran nuestros derechos y solo se preocupan de subirnos el alquiler todo lo que pueden año tras año y de echarnos cuando no les parece suficiente. Tenemos que señalar a las inmobiliarias, a los bancos y a los fondos buitre, porque son quienes se están beneficiando del problema de la vivienda mientras nuestras posibilidades para acceder a viviendas de calidad y mantenernos en ellas son cada vez menos y más costosas.
Y tenemos que señalar a las instituciones. Tenemos que hablar del Estado, tenemos que hablar del Gobierno, tenemos que hablar de las leyes de vivienda, tenemos que hablar de la policía, y señalarlos igualmente porque son cómplices del saqueo que están haciendo todos esos capitalistas y les defienden de todas las formas posibles. Y en nuestro caso concreto, tenemos que hablar de la Junta de Castilla y León. Porque el problema de la vivienda es su responsabilidad, y como decimos también en el título de la charla y en el lema de la campaña, solo nos ofrece migajas. Y nos ofrece migajas para fingir que están haciendo algo contra esta situación, mientras lo que consiguen con las pocas ayudas que ofrecen es legitimar todos los abusos y toda la explotación que ejercen los propietarios contra las inquilinas, que en su inmensa mayoría somos clase obrera, trabajadoras, estudiantes precarias; etc.
Para ilustrar un poco cómo está la cosa, vamos a repasar algunos datos en general de la comunidad autónoma y en concreto de Valladolid. Castilla y León tiene una situación económica muy mala, de las peores del estado. Tiene muy poca población, unos 2 millones y medio de habitantes, aunque por superficie es la región más grande de toda Europa occidental. De esa población, solo una quinta parte es menor de 30 años y tiene una media de edad que supera los 48 años. Con una población tan envejecida, hay muy pocos sectores económicos potentes más allá del turismo, la hostelería y el sector servicios en general. Y las consecuencias de esto son muy evidentes, la población se ha empobrecido y está forzada a emigrar a otras regiones para trabajar o a alargar sus estudios indefinidamente hasta encontrar un puesto de trabajo medio decente.
Para ser más exactos, desde 2009 hemos perdido un 13% de poder adquisitivo, incluyendo las subidas del SMI. Si a esto le sumamos que solo en el último año los alquileres han subido un 8%, vemos que el nivel de pobreza al que nos están empujando es todavía peor. Y centrándonos ya en el tema de la vivienda, hay que decir que en Castilla y León una de cada cuatro viviendas está vacía; es decir, el 25 % de las casas no se usan para nada. Y a la vez, solo el año pasado hubo más de 1.000 desahucios.
Pero además, de las viviendas que sí se usan, casi el 15% son de uso esporádico, segundas viviendas de vacaciones o de visitas ocasionales. Así que lo que tenemos es que, mientras casi la mitad de todas las viviendas de la comunidad NO SE USAN PARA VIVIR, para acceder a una vivienda nos hace falta gastarnos – en promedio – el 70% de nuestro sueldo. Y este es un dato calculado sobre el sueldo de los jóvenes, pero también aplica a los “no tan jóvenes”, porque la edad de emancipación en CyL es la más alta del estado.
Y si hablamos más en concreto de Valladolid, el panorama es el mismo. En 8 años los alquileres han subido un 22%. Siendo la capital de provincia, hay algo más de industria y oferta de trabajo, y por eso hay un nivel de vida un poco más alto, y aún así para acceder a una vivienda en alquiler o a una hipoteca hace falta gastarse la mitad del sueldo.
Así vemos como el problema de la vivienda lleva empeorando más de una década, y no parece que vaya a mejorar. La pregunta que surge es: ¿Qué ha hecho la Junta para solucionar estos problemas? Y la respuesta es entre poco y nada. Después del confinamiento y de la crisis económica de este último año por la guerra de Ucrania el Gobierno central ha ofrecido algunas ayudas al alquiler que no han sido más que parches, y la Junta ha hecho más de lo mismo:
- Lo primero que ha hecho es poner trabas burocráticas para todo. Para las ayudas al alquiler, el año pasado se retrasó medio año en concederlas, con todo lo que eso supone para las personas que necesitan esa ayuda inmediatamente y que a saber de donde sacarían el dinero para aguantar esos meses. Y a mayores de esto, los requisitos para conceder las ayudas son totalmente excluyentes. La normativa impone un máximo de ingresos para conceder la ayuda, es decir, que pide estar en una situación que roce la pobreza; y establece precios máximos a la renta que puede cubrir. Las cuantías no superan los 550 € mensuales por vivienda, o los 200 € por habitación, con lo cual o alquilas un zulo o un piso en condiciones pésimas por el que no te vayan a cobrar más que esa cifra, o no te quedas sin ayuda. Y para rematar el desastre, si las personas que cumplen estos requisitos de renta tienen problemas de otro tipo, como puede ser de residencia o de nacionalidad, por ser personas migrantes; también se quedan fuera.
- Eso en cuanto a las ayudas en general al alquiler. Si hablamos de otras medidas, en 2023 la Junta ofreció el bono alquiler joven (una ayuda de máximo 250 euros), y de 16.000 peticiones aceptadas solo tenía fondos para atender 4.000. Pero además, esta ayuda consiste en pagar el alquiler de los propietarios con dinero público, en vez de controlar los precios de los alquileres.
- A la vez que se niega a controlar los precios, la Junta ha tomado esta y otras medidas para seguir enriqueciendo a los propietarios. A través del SOMACYL, su organismo de vivienda pública, ha lanzado una medida para avalar la compra de viviendas a través de hipoteca. Es decir, te avalan con dinero público si no puedes pagar la hipoteca, para que el banco siga cobrando y al anterior propietario le acabe llegando su parte. También han eliminado el Impuesto de Sucesiones para familiares directos, independientemente de que esas viviendas heredadas sean para uso propio o para lucrarse. Así que quien herede un piso y se dedique a ponerlo en alquiler para sacarle el dinero a sus inquilinos ni siquiera va a tener que pagar el impuesto.
- Y si hablamos de Valladolid concretamente, pasa algo similar con el VIVA. Ya lo conoceréis si habéis estado al día de nuestra anterior campaña, con la Comunidad Sindical de calle Eneldo, en la que hemos conseguido una primera victoria sindical colectiva contra VIVA. Por si acaso no lo conocéis, os cuento: Este organismo municipal es propietario de varios bloques de viviendas protegidas de construcción reciente, y va a construir varios más. Lo que hace con ellos es ofrecer viviendas en alquiler a precios “asequibles” entre comillas, porque no son mucho más bajos que los que te puedes encontrar de propietarios privados, poniendo unos requisitos de acceso totalmente prohibitivos: solvencia económica, sueldo estable, ser demandante de VPO en CyL y soportar listas de espera interminables; etc. Estos pisos que se promocionan como modernos y con buenas calidades, tienen problemas de calefacción y de goteras, se hace mal el registro de los suministros, y el VIVA impone unas prohibiciones ridículas, impidiendo por ejemplo usar zonas comunes. Lo que están demostrando es que a través de las viviendas públicas el estado se convierte en un casero más, extrayendo nuestra renta sin preocuparse siquiera de que las viviendas estén en condiciones de habitabilidad. Y todo ello mientras de cara a la opinión pública están “facilitando viviendas a quienes más lo necesitan”.
La valoración que hacemos nosotras de todo esto es esta: ni la Junta ni el Ayuntamiento pueden solucionar el problema de la vivienda. Son las encargadas de hacer que nada cambie, son parte del Estado y por tanto no pueden ir contra los intereses del capital. Por eso la situación es la misma estén unos u otros partidos al mando, porque se benefician directa e indirectamente de que la vivienda sea propiedad privada de unos pocos. Y todas estas migajas que nos dan son una cortina de humo que no hace más que distraer la atención y generar impotencia, porque parece que solo nos queda conformarnos, parece que una solución real es imposible.
Pero es que quienes nos estamos comiendo las consecuencias de la crisis capitalista, a quienes nos afecta su gestión de la miseria somos nosotras, la clase obrera. Entonces no nos sirve esa respuesta, no nos sirve que nos pongan parches. No nos sirve conformarnos con pensar que la solución es inalcanzable porque no podemos permitirnos el inmovilismo que eso conlleva. Y tampoco nos sirve que se gaste el dinero público que debería ir a Sanidad, a Educación o a las pensiones públicas; en pagarle la renta a grandes fondos buitre multimillonarios, al banco, al “pequeño propietario” que tiene seis pisos en alquiler, o al VIVA. No nos vale eso. Lo que nos vale es defender el acceso a una vivienda universal y de calidad. Para todas y controlada por nuestra clase. Sin vivienda no se puede vivir. Y si hay un 40% de viviendas que no se están usando para vivir, no hay ninguna justificación para que haya gente viviendo en la calle, o desahuciada, o malviviendo en pisos compartidos, o dejándose el sueldo para poder estar en una casa.
La Junta, el Ayuntamiento, el Estado, los caseros, los fondos buitre, los bancos, las inmobiliarias… Nos tendrán en frente luchando contra ellos, de forma organizada y conjunta contra los capitalistas y contra las instituciones que los defienden.
Esto es una lucha conjunta, colectiva, una lucha de clase. Es imposible hacer la guerra cada uno por nuestra cuenta, porque la ley está hecha para favorecer a los propietarios, y aunque no sea así, ellos tienen toda la sartén por el mango, ellos controlan nuestra vivienda. A menos que se lo impidamos. Por eso proponemos que os organicéis en el sindicato, y por eso hemos impulsado esta campaña con la AIS, porque lo que necesitamos para presionar a nuestros caseros, a las inmobiliarias, a los fondos buitre, al Ayuntamiento y a la Junta; es una lucha unida y organizada contra el modelo capitalista de vivienda. Y a lo mejor todavía somos pocas, pero hasta hace nada éramos muchos menos. Tenemos que seguir peleando para ser más y tener cada vez más fuerza para defendernos, para arrancar concesiones y conseguir soluciones reales por nosotras mismas, aunque sepamos que esto solo nos permitirá mejorar nuestras condiciones en el corto plazo. Sabemos que la lucha por la vivienda, la lucha contra el capital, es un camino difícil, y muy largo. Pero es lo que tenemos: la lucha es el único camino. Y en ese camino vamos a estar el sindicato, la AIS y todo el que quiera luchar por cambiar esta situación.


