Hoy, 5 de abril de 2025, nos movilizamos en Valladolid como un paso más en la lucha por la vivienda. Si bien el problema de la vivienda es un problema estructural cuya solución requiere de la superación del capitalismo, en los últimos años hemos vivido un endurecimiento de este problema, una crisis de vivienda.
Hemos visto cómo, en un contexto de crisis económica y social, empresarios y rentistas han aumentado sus beneficios mientras que la clase trabajadora nos hemos ido empobreciendo cada vez más a través de eso que normalmente llaman inflación, y que no es otra cosa que una devaluación de nuestro salario real.
Suben los alimentos, sube el alquiler, suben las hipotecas, mientras cobramos lo mismo o nos aplican subidas miserables. La vivienda, en concreto, es hoy uno de los principales problemas para la clase trabajadora, exprimida por unos bancos y unos rentistas que tratan de apropiarse hasta del último céntimo de nuestro sueldo.

Una vez que esta situación se ha convertido en insostenible, el sector inmobiliario ha puesto su maquinaria de propaganda en marcha para tratar de instalar la idea de que el problema es que faltan viviendas y hay un contexto de inseguridad jurídica que está impidiendo que haya en el mercado toda la vivienda que se necesitaría para cubrir la demanda. Hay que decir claramente que ninguna de estas cosas es cierta: ni hay escasez de vivienda, ni hay una legislacion contraria al desarrollo del negocio de la vivienda.
Sobre la cuestión de la escasez, cabe decir que, solamente en Valladolid capital, se calcula que 1 de cada 10 viviendas está vacía, en una ciudad que lleva 30 años perdiendo población. Respecto a la inseguridad jurídica cabe decir que las últimas reformas legislativas en todos los marcos de la administración han servido para apuntalar el negocio de la vivienda y han sido acompañadas de medidas como los bonos de alquiler, que únicamente sirven para financiar con dinero público los ingresos de los rentistas.
Ante esta situación, la administración y todos los partidos políticos institucionales, tanto de izquierda como de derecha, han dado una serie de respuestas que, si bien varían en el tono, tienen una idea de fondo común: la crisis de vivienda sólo se puede atajar alimentando el negocio de la vivienda. El gobierno del PSOE, primero con Podemos y luego con Sumar, ha promovido una Ley de Vivienda que ha sido absolutamente inservible para la clase trabajadora. Incluso en sus propios términos, la ley se ha demostrado completamente incapaz de contener los precios de la vivienda, que no paran de subir.
Por otro lado, la Junta se ha dedicado a ofrecer unas ayudas al alquiler dotadas de unos fondos muy escasos y condiciones casi imposibles, como limitarlas a alquileres de menos de 550€. Y el Ayuntamiento, con alcaldías de diferente color político, se ha dedicado a promover una vivienda pública de difícil acceso y baja calidad: en nuestra experiencia sindical, no hay ninguna diferencia con lo ofrecido por caseros privados.
Pese a lo que se dice sobre la descoordinación institucional, la realidad es que, cuando se trata de apuntalar el negocio de la vivienda, todas las instituciones, estén gobernadas por el partido que sea, reman juntas y en la misma dirección. Esto se pudo comprobar de forma clara en el desahucio que al final se ejecutó en la calle Batuecas el día 26 de febrero. La propiedad quería desahuciar a cualquier precio; la Junta, en manos del PP, que es quien tiene las competencias de Vivienda, no ha hecho nada; el Ayuntamiento, en este caso VOX, mandó a la policía local; el Gobierno, en manos del PSOE y Sumar, mandó a los antidisturbios. Y todo ello amparado por una ley promovida por Podemos. Es únicamente la clase trabajadora, organizada en torno al Sindicato de Vivienda de Valladolid, en este caso, la que se moviliza para parar los desahucios. Y aún así no es suficiente.
Porque mientras el Estado tenga el poder y cada vez nos quiten más herramientas a la clase trabajadora para poder defendernos, ejecutarán desahucios cuando les sea conveniente, en este caso por defender la propiedad de ABANCA. No sólo demuestran su fidelidad a los que hacen negocio con la vivienda, sino que permiten la especulación con los pisos que dejan vacíos. Así demuestran que apuntalan y defienden este negocio.

Ante el problema de la vivienda, creemos que sólo existe una salida posible: que se garantice el acceso universal a una vivienda gratuita y de calidad. Defendemos un acceso universal porque la vivienda es un medio básico para sobrevivir, y nadie, independientemente de su situación o procedencia, debería ser excluido de él. Defendemos que la vivienda tiene que ser gratuita, p orque mientras haya que pagar por ella siempre habrá gente que se verá excluida del acceso a la vivienda o tendrá dificultades para conservarla. Y defendemos que tiene que ser vivienda de calidad, porque no queremos lujo para los ricos y dignidad para los pobres. No queremos caridad, nadie tiene por qué vivir en unas condiciones mínimas o de infravivienda mientras hay medios de sobra para asegurar una vivienda de calidad a toda la población.
Esto requiere de un proceso de desmercantilización de la vivienda. Sin embargo, hay medidas que pueden tomarse de inmediato para frenar la crisis de vivienda. Lo que nosotras planteamos es que estas medidas tienen que ir contra la ganancia de los rentistas y no alimentar el negocio de la vivienda. Así, pedimos:
1. Expropiación de las viviendas vacías que ya existen
Ya que en general no hay un problema de escasez, sino de acaparación de viviendas sin uso. No hay necesidad de construir vivienda nueva y, por lo tanto, alimentar el negocio y la especulación.
2. Reducción de los alquileres de forma realmente efectiva y sin contrapartidas
No sólo queremos limitaciones a la subida (que puedan ser fácilmente evitables), sino que queremos una reducción real de los alquileres que compense la congelación de los salarios y su devaluación.
3. Suspensión inmediata de todos los desahucios
Que como hemos podido comprobar, y por mucho que se diga que están prohibidos, se siguen ejecutando todas las semanas.
4. Fin de la represión al movimiento de vivienda y desmantelamiento de las empresas de desokupación
El brazo armado del capital. Mientras se reprime al movimiento de vivienda, se demuestra permisividad absoluta con estos grupúsculos fascistas. Con los cuales se alimentan las campañas para generar miedo a la okupación, que no es sino una herramienta de lucha de la clase trabajadora y, a su misma vez, consecuencia del propio negocio de la vivienda.
Además, pedimos la derogación de la ley mordaza y el cese de las infiltraciones policiales que han ocurrido por todos los movimientos del Estado.

La implantación de estas medidas está fuera del programa de todos los partidos políticos con representación parlamentaria, incluidos los socialdemócratas. Por eso, nuestra labor como Sindicato es contribuir, mediante la lucha cultural, a extender la necesidad de este programa entre la clase trabajadora, contribuir a la construcción de una organización política comunista capaz de llevarlo a cabo y generar un poder organizado capaz de defenderlo.
En estas concentraciones y manifestaciones que están sucediendo hoy por todo el estado demostramos que el movimiento por la vivienda somos quienes luchamos por la mejora de nuestras condiciones como clase. No sólo luchamos por la mejora inmediata de nuestras condiciones de vivienda a corto plazo. También proclamamos que no se puede renunciar a la construcción de las herramientas necesarias para lograr las transformaciones profundas que en el largo plazo permitan superar de forma definitiva el problema de la vivienda.

